Los frutos de la Tierra son un regalo de nuestro bondadoso Creador para sus habitantes y empobrecerla para sustentar la grandeza exterior parece ser un daño para la era venidera.
-John Woolman, 1772
American Friends Service Committee tiene un compromiso con la justicia climática, la sostenibilidad y el fomento de una relación justa con el mundo natural. Los cuáqueros creemos que hay una luz divina dentro de cada ser humano y los testimonios cuáqueros de cuidado del entorno, igualdad, paz y comunidad guían nuestro enfoque. Creemos que la justicia climática es la búsqueda de un medio ambiente sano, fundamentado en la igualdad y los derechos humanos.
Los 10 principios que guían el trabajo de justicia climática de AFSC:
- La justicia climática implica un cambio sistémico. El cambio climático es un problema existencial que nosotros mismos hemos creado, uno que pone en peligro todas las formas de vida en nuestro planeta. Las falsas soluciones, los parches tecnocráticos y los enfoques de corte colonial son insuficientes para abordar este problema. Necesitamos acciones sistémicas reales e inmediatas.
- Enfrentar la opresión y la desigualdad es clave para la justicia climática. Mientras un pequeño grupo de personas y naciones poderosas lucran con la destrucción ambiental, el resto del mundo sufre las consecuencias. A lo largo del tiempo y en todas partes, las crisis ambientales han afectado de manera desproporcionada a la clase trabajadora y de bajos recursos, a las personas de color, a los pueblos indígenas, a las mujeres, a las minorías étnicas y religiosas, a los jóvenes, a las personas con discapacidad y a otros grupos marginalizados.
- La contaminación y la destrucción ambiental están inexorablemente ligadas a la guerra y al militarismo. Necesitamos poner fin a los conflictos armados y redirigir el destructivo gasto militar hacia las necesidades humanas que sostienen la vida. Esto implica erradicar los sistemas autoritarios, el encarcelamiento masivo y la brutalidad estatal, así como un compromiso global con la desmilitarización.
- Este movimiento debe ser liderado por las comunidades que sufren los peores impactos de la crisis climática, priorizando sus necesidades. Hacemos un llamado a una respuesta participativa, igualitaria, feminista, y antirracista que asegure el derecho a vivir en un medio ambiente sano, que cubra las necesidades de todas las personas, que ponga fin a las jerarquías violentas e injustas y que garantice una vida digna para las generaciones presentes y futuras.
- Debemos proteger a los defensores de la tierra y a los activistas ambientales. Las fuerzas económicas y políticas usan la violencia y el encarcelamiento como herramientas para reprimir los movimientos de justicia ambiental. Debemos proteger y apoyar a las personas y a las comunidades que enfrentan consecuencias por sus valientes acciones en defensa de la Tierra y de quienes la habitan.
- La justicia climática significa acoger a las personas migrantes. Se debe garantizar la libertad de movimiento para todos, especialmente cuando los efectos del cambio climático obligan a las personas a huir de sus hogares en busca de seguridad y estabilidad. Los derechos humanos y la dignidad de los inmigrantes, refugiados, solicitantes de asilo y personas desplazadas internamente exigen que reconozcamos tanto el derecho a permanecer en el hogar que uno ha elegido para vivir, como el derecho a migrar a otra parte.
- El internacionalismo verde y las reparaciones climáticas son el camino a seguir. Las naciones ricas e industrializadas contribuyen de manera desproporcionada a la crisis climática y tienen la responsabilidad de contribuir de manera desproporcionada a la solución. Nos comprometemos firmemente con los esfuerzos globales de adaptación y mitigación, reparación por pérdidas y daños, condonación de la deuda y la reforma económica internacional, así como con el apoyo a los refugiados climáticos, transferencias de tecnologías de código abierto, la cooperación internacional y la diplomacia climática.
- Necesitamos un desarrollo sostenible. Todas las personas tenemos derecho a gozar de aire, agua y suelo limpios; acceder a alimentos, medicamentos y vivienda; y disponer de energías limpias y renovables. Debemos vivir dentro de nuestros límites ecológicos, reduciendo la generación de desechos y haciendo frente a las desigualdades tanto dentro de las naciones como entre ellas. Las naciones ricas deben asumir el liderazgo en la reducción de su desmesurada huella ecológica.
- Las corporaciones deben rendir cuentas. Las corporaciones multinacionales y otras formas de poder privado han acelerado drásticamente la crisis climática. Sectores extractivistas como la industria de los combustibles fósiles, la minería, la explotación maderera, la pesca y la agricultura industrial causan daños irreparables al planeta que compartimos. Necesitamos reducir el poder antidemocrático de la industria privada y promover modelos de desarrollo que no dependan de las grandes corporaciones.
- Es momento de una transición justa. El futuro de la humanidad depende de una transición que nos aleje de los combustibles fósiles, las industrias extractivistas y otras fuentes principales de contaminación. Necesitamos nuevas inversiones en energías renovables respetuosas con el clima, agricultura sostenible, medios de transporte limpios y bienes públicos verdes, empleos dignos y derechos laborales para todos los trabajadores; aportes comunitarios y participación democrática en la creación de políticas públicas; libre acceso a la información, respeto a los conocimientos y formas de vida de los pueblos indígenas; y la erradicación definitiva de la pobreza y el hambre en todo el mundo.